
Hipoglucemia en el colegio
Cómo actuar ante una hipoglucemia escolar
Una bajada de glucosa puede aparecer durante una clase. Aprende a reconocerla y qué hacer para ayudar a tu alumno.
¿Qué es una hipoglucemia?
Una hipoglucemia ocurre cuando la glucosa en sangre desciende demasiado. En personas con diabetes se considera generalmente que existe una glucosa baja cuando esta se encuentra por debajo de 70 mg/dL.
En un estudiante con diabetes tipo 1 puede aparecer en cualquier momento de la jornada escolar: durante una clase, en el recreo, haciendo Educación Física o incluso varias horas después de haber realizado ejercicio.
Puede producirse porque existe más insulina de la necesaria para ese momento, porque se ha retrasado una comida, porque el estudiante ha realizado ejercicio o por otras circunstancias relacionadas con su tratamiento.
La mayoría de las hipoglucemias pueden solucionarse rápidamente si se reconocen y tratan a tiempo. Por eso, para un docente es importante saber identificarlas.
¿Cómo reconocer una hipoglucemia?
Imagina que un estudiante que normalmente participa en clase comienza de repente a mostrarse distraído. Le cuesta responder, está pálido y parece nervioso.
Quizá no está cansado ni ha perdido el interés por la explicación.
Puede estar teniendo una hipoglucemia.
Los síntomas no son exactamente iguales en todas las personas y un mismo estudiante puede incluso experimentarlos de manera diferente en distintas ocasiones.
Algunos signos que pueden aparecer son:
- temblores;
- sudoración;
- hambre;
- palidez;
- mareo o debilidad;
- dificultad para concentrarse;
- irritabilidad o cambios de comportamiento.
También puede aparecer dolor de cabeza, somnolencia, confusión o dificultad para hablar.
Por eso es especialmente importante conocer cómo suele manifestarse una hipoglucemia en ese alumno concreto y qué establece su plan individualizado.
¿Qué hacer durante una hipoglucemia?
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La primera regla es sencilla: una hipoglucemia debe tratarse sin demora.
Si el estudiante tiene autonomía para manejar su diabetes, probablemente sabrá qué necesita hacer. El profesor debe facilitar que pueda interrumpir la actividad y acceder inmediatamente al material necesario.
Cuando el alumno está consciente y puede tragar con normalidad, habitualmente se utilizan hidratos de carbono de absorción rápida para elevar la glucosa.
El estudiante puede llevar consigo, por ejemplo, tabletas o gel de glucosa, zumo u otro alimento indicado previamente para tratar sus hipoglucemias.
La cantidad que debe tomar y cuándo debe volver a comprobar su glucosa dependerán de su tratamiento y de las indicaciones recogidas en su plan.
Una cuestión es especialmente importante: tratar una hipoglucemia no puede esperar a que termine una explicación, un examen o una actividad.
Tampoco debería enviarse solo al alumno a buscar ayuda si se encuentra mal.
Una hipoglucemia puede afectar temporalmente a la capacidad para pensar, orientarse o tomar decisiones. Pedir a un estudiante con una glucosa muy baja que atraviese solo el centro para acudir a enfermería o buscar a otro profesor puede aumentar el riesgo.
Lo adecuado es permanecer con él y seguir el procedimiento establecido por el centro hasta comprobar que la situación se ha resuelto.

¿Qué ocurre si es grave?
En algunas ocasiones, la hipoglucemia puede progresar hasta provocar una alteración importante de la conciencia, convulsiones o pérdida de conocimiento.
Esto se conoce como hipoglucemia grave.
En esta situación el estudiante puede no ser capaz de tratarse por sí mismo y necesitar la ayuda de otra persona.
Si no puede tragar con seguridad, no se le debe dar comida ni bebida por la boca.
Debe seguirse inmediatamente el protocolo de emergencia establecido para ese alumno. Cuando esté indicado, puede ser necesario administrar glucagón y solicitar asistencia sanitaria.
El glucagón es una hormona utilizada para aumentar la glucosa en situaciones de hipoglucemia grave. Actualmente existen diferentes dispositivos para administrarlo.
Por eso es importante que las personas responsables sepan previamente dónde se encuentra, qué presentación utiliza el alumno y quién debe administrarlo según el protocolo establecido.
Una emergencia no es el momento para buscar por primera vez estas instrucciones.
Hipoglucemia y actividad física
La actividad física puede reducir la glucosa durante el ejercicio y también después de haberlo terminado.
Esto no significa que un estudiante con diabetes deba quedar excluido de Educación Física, deportes, recreos activos o excursiones.
Puede participar en estas actividades como el resto de sus compañeros, aunque quizás necesite comprobar previamente su glucosa, tomar hidratos de carbono o realizar otros ajustes contemplados en su tratamiento.
El material necesario para detectar y tratar una hipoglucemia debe permanecer accesible también durante estas actividades.
Esto es especialmente importante cuando la clase se realiza fuera del edificio habitual, durante una excursión o en instalaciones deportivas alejadas del lugar donde se guarda normalmente el material sanitario.

El papel del docente
No necesitas decidir qué cantidad de insulina debe administrarse un estudiante ni convertirte en especialista en diabetes.
Ante una hipoglucemia, tu papel puede resumirse en tres acciones:
reconocer, facilitar y acompañar.
Reconocer que determinados síntomas o comportamientos pueden indicar una bajada de glucosa.
Facilitar que el estudiante pueda comprobar su glucosa y tratarla inmediatamente siguiendo las indicaciones previstas.
Y acompañarlo mientras se recupera, especialmente si presenta síntomas que pueden dificultar su capacidad para actuar por sí mismo.
Cada estudiante es diferente. Algunos niños y adolescentes manejan prácticamente de forma autónoma su diabetes, mientras que otros necesitan mayor ayuda.
Por eso, conocer previamente su plan individualizado y mantener una adecuada coordinación con la familia y los responsables sanitarios resulta fundamental.
Una hipoglucemia puede aparecer cualquier día y en cualquier momento de la jornada.
Saber reconocerla y facilitar que se trate rápidamente permite convertir una situación potencialmente peligrosa en un episodio que, en la mayoría de los casos, puede resolverse con normalidad.
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